18/06/2010

Presentación libro "Los días sin forma"

Ayer, miércoles 17 de junio de 2010, presenté en el bar "El Nacional" en San Telmo el libro del colega y amigo Leandro Marenzi "Los días sin forma", publicado por Wolkowicz Editores. Con prólogo de María Ledesma y epílogo de quien escribe, su seguro servidor. Para esa presentación preparé un breve texto, que aquí comparto. Espero que lo disfruten. Advierto que es un poco punk y contiene algunas revelaciones. Mientras lo escribía, descubrí la ideología de Dios.

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Buenas noches.

Hay dos autores que hoy no están de moda pero de alguna manera son la sublimación del espíritu del libro de Marenzi.

El primero de ellos fue un rumano loco. Viviendo en Paris entre 1940 y 1946, acribillada su existencia por la lengua que iba perdiendo y antes de volcarse definitivamente al francés, pero también agotado por un insomnio cruel, caminó las calles sin hablar de los nazis ni del colaboracionismo del gobierno de Vichy. Insisto, entre 1940 y 1946. No lloró por las bombas ni se plegó a la celebración del triunfo de los victoriosos de la segunda Gran Guerra. O si, pero desde una estética filosófica, atea y revulsiva. Emil Cioran fue su nombre. Murió en 1995. Le hubiera hecho gracia saber que hubo pocos obituarios
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Este tipo fue un profeta. Escribió un libro llamado "Breviario de los vencidos", su última obra en rumano antes de pasar definitivamente al francés. Porque así, dándole la espalda al rumano, le dio la espalda a la idea del origen nacional. Y a través de su ateísmo militante, con perdón de la paradoja, le dio la espalda a su padre, que era un sacerdote ortodoxo.

¿Por qué seguir existiendo, se pregunta Cioran? Por la glorificación del instante de nuestra efímera existencia. Por recordarle a Dios que por más que nos expulsó del Paraíso, nosotros nos seguimos complaciendo, especializándonos en el error, en el equívoco, en la lucha por el goce y la pasión, en todo lo que no es sagrado, en todo lo que no es ponerse de rodillas, revolcándonos en el barro de nuestra vida, cagándonos en Él, Él con mayúscula y en su reputísima perfección, que desde lo infinito se atreve a juzgar nuestra finitud. Actitud punk. Marenzi es punk. Su libro es punk.
Es un libro que como Cioran atenta contra el orden. Orden es una categoría de derecha. Orden y progreso fue el lema de la generación del '80. Mitre, Sarmiento, Roca, Dios. Dios es de derecha. Ya sé que me van a decir que la idea de derecha y de izquierda es un anacronismo. Y puede ser verdad, pero es un anacronismo para la derecha. No voy a decir "para la gente de derecha" porque de la "gente" voy a hablar en un momento. A la derecha le gustan las ideas que sirven. Una vida que sirve, un gobierno que sirve a la gente, lo útil, el tip, el recurso, lo instrumental, lo que tiene aplicación concreta. Una universidad que sirve, un trabajo bien hecho. En la definición de servir está implícita la idea de una sujeción intrumental: sirve el siervo, sirve el soldado, sirve la herramienta. Pero la herramienta, el soldado y el siervo no reflexionan, no se vuelven sobre sí, no interrogan ni ponen en cuestión. Hacen lo que alguien, por el motivo que sea, disponen que haga. Este es un libro desordenado, pagano, herético. Nada de hippismo new age. "Vivir es algo tan grave", decía Cioran "que comparado con eso, Dios es pura bagatela, insustancia, carencia de valor". Lo difícil es ser hombre, no Dios. Cualquier boludo de existencia infinita puede ser Dios. Omnipresencia es otro de los nombres del reality. Dios voyeur, Dios perverso, que pretende reblandecer nuestra vida como si se tratara de un pan mojado y nos exige obediencia. Ahi te lo dejamos al nene, Dios; bajalo de la cruz cuando quieras.
El otro autor presente en esta obra es Jean Paul Sartre. A Sartre, seguramente lo saben, le quisieron dar el Nobel. Y él les escribió una carta a los suecos diciéndoles que se metan el Nobel en el orto, porque los vínculos entre el hombre y la cultura deben desinstitucionalizarse. Este libro habla sobre el ser que se reafirma contra la institución. Marenzi es hardcore. Su libro es hardcore.
Leandro Marenzi es Diseñador, pero afortunadamente escapa al estereotipo mediático del Diseñador. Me enorgullece participar en un libro de un autor que habla sobre el Diseño y la vida sin ser rastrero. Hay algunos animalitos rastreros, que pertenecen a una familia llamada tálpidos, que incluyen entre otros a los topos. Tienen un cuerpito alargado y una presencia bastante miserable, en general se los confunde con las ratas, pero no son roedores. Se alimentan de todo, principalmente de gusanos. Y por supuesto, lo que más producen es mierda de gusano. Esos autores rastreros, cada tanto escriben libros, cuyos títulos ahora no recuerdo, pero hablan del Diseño y la gente. Que no pueden corregir porque son ciegos. La "gente" es otra categoría de derecha. Gente no es sujeto social, no es pueblo, no es ciudadano, no es ser. Es "gente". Hacer lo que quiere la gente es hacer lo que la tele quiere que haga la gente. Es darle la suma del poder público al vecino arribista clase media de Caballito. La "gente" es una monstruosidad. Diseñar para la gente es celebrar la sumisión. Todos estamos en una ciénaga, pero una cosa es resistir, aferrarse a la vida, tratar de no hundirse, y otra cosa es celebrar la ciénaga. Si fuera un manifiesto, este libro podría llamarse "Diseño contra la gente" o bien, "Vivir contra la gente". Leandro es parte de la resistencia. Su libro, resiste.