26/03/2009

Teach your kids to recycle

24/03/2009

Memoria: recordar el olvido

Sumándome a una propuesta del Ministerio de Cultura y Educación del Gobierno de la prov. de Bs. As., en el día de ayer (lunes 23 de marzo) en mi cátedra de Diseño I en UCES hice una lectura en voz alta de un texto prohibido durante la dictadura. Se trató de la Carta  a la Junta, de Rodolfo Walsh.


Comparto aquí un fragmento: 

1. La censura de prensa, la persecución a intelectuales, el allanamiento de mi casa en el Tigre, el asesinato de amigos queridos y la pérdida de una hija que murió combatiéndolos, son algunos de los hechos que me obligan a esta forma de expresión clandestina después de haber opinado libremente como escritor y periodista durante casi treinta años._ El primer aniversario de esta Junta Militar ha motivado un balance de la acción de gobierno en documentos y discursos oficiales, donde lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y lo que omiten son calamidades._ El 24 de marzo de 1976 derrocaron ustedes a un gobierno del que formaban parte, a cuyo desprestigio contribuyeron como ejecutores de su política represiva, y cuyo término estaba señalado por elecciones convocadas para nueve meses más tarde. En esa perspectiva lo que ustedes liquidaron no fue el mandato transitorio de Isabel Martínez sino la posibilidad de un proceso democrático donde el pueblo remediara males que ustedes continuaron y agravaron._ Ilegítimo en su origen, el gobierno que ustedes ejercen pudo legitimarse en los hechos recuperando el programa en que coincidieron en las elecciones de 1973 el ochenta por ciento de los argentinos y que sigue en pie como expresión objetiva de la voluntad del pueblo, único significado posible de ese "ser nacional" que ustedes invocan tan a menudo._ Invirtiendo ese camino han restaurado ustedes la corriente de ideas e intereses de minorías derrotadas que traban el desarrollo de las fuerzas productivtas, explotan al pueblo y disgregan la Nación. Una política semejante sólo puede imponerse transitoriamente prohibiendo los partidos, interviniendo los sindicatos, amordazando la prensa e implantando el terror más profundo que ha conocido la sociedad argentina.


20/03/2009

Manual del pelotudo argentino


El "mapa de la inseguridad" es una cosa increíble. ¿A nadie se le ocurre al menos moderar los posteos? Pueden leerse por toneladas bellezas como esta:


"(...) grande Argentina, un país hecho para negros de mierda y chorros, ¿quién carajo me devuelve los mil pesos que me robaron y el tiempo que pierdo en hacer los documentos. Hay que meterle un tiro en la cabeza a cada uno".

Esta es una colaboración de un ciudadano que supuestamente fue a la cancha de Boca con su hermanita, y fue asaltado por cuatro personas (según dice, "seguro eran menores drogados") en los fondos del estadio cuando se retiraba. Me pregunto quién va a la cancha de Boca con su pequeña hermana y sale por el fondo con mil pesos en efectivo en la billetera. Vean además el ejemplo de justicia y civismo propuesto por el ciudadano: pena de muerte por robo a probables menores, probablemente drogados, pero que con seguridad son "negritos de mierda".

¡Esto era lo que nuestra ciudad necesitaba! Al fin está bueno Buenos Aires.

pic from here.

18/03/2009

Contra toda forma de seguridad

Hay pocos que tienen mucho, algunos que tienen algo y muchos que no tienen nada. Los algunos que tienen algo nunca podrán ser como los pocos que tienen mucho, y esto pueden soportarlo, pero nunca podrían aceptar convertirse en muchos de los que no tienen nada. Algunos pocos de los muchos que no tienen nada son feroces con los muchos que no tienen nada y en las contadas ocasiones en que se cruzan con ellos, con los algunos que tienen algo. Unos pocos de los muchos que no tienen nada se convierten en algunos de los que tienen algo, pero ni estos pocos que por azar llegan a tener algo ni esos pocos que por su brutalidad de cuando en cuando se cargan a alguno pueden definir al conjunto de los muchos sin nada, porque son pocos entre muchos. 

Pero para algunos, mucho o poco no importa cuando se habla de seres humanos. Lo importante para algunos es que son otros. Lo importante es que apestan, son una bolsa de mugre alimentándose de mi basura y afeando mi cuadra, una manga de vagos que mandan a los pibes a pedir para el vino y después los cagan a palos. Lo importante es que esos otros se empecinan en seguir siendo africanos, dominicanos, paraguas, bolitas, espaldas mojadas, sudacas, turcos, chinos, chicanos, negritos de mierda y la puta que los parió, hay que matarlos a todos, paredón. Muerte a escala industrial para vivir en paz.

Pero esto no cambiará mientras sigamos como al principio. Con pocos con mucho, algunos con algo y muchos sin nada.

Está bien

Los derechos humanos de los delincuentes

Página 12 | Sociedad | Miércoles, 18 de Marzo de 2009
Opinión

Por Roberto Gargarella *


Cíclicamente reaparecen los miedos generados por la inseguridad y, con ellos, el discurso público vuelve a inundarse de bravatas altisonantes que, por su repercusión, conviene tomarse en serio. Quisiera concentrarme aquí en algunas de las expresiones que circulan en estos días, vinculadas con la relación aparentemente excluyente o de suma cero que existiría entre la protección de las víctimas y la defensa de los derechos de los delincuentes. La idea aparece en expresiones como la que dice que “en este país mueren inocentes mientras se protegen los derechos humanos de los delincuentes” o “estoy cansado de los derechos humanos de los delincuentes”. ¿Qué se quiere decir con tales expresiones?

Una primera posibilidad sería que tales afirmaciones involucran un juicio descriptivo como el siguiente: “en los hechos, hoy, en la Argentina, se están favoreciendo los derechos humanos de los delincuentes, mientras se descuidan los derechos de las pobres víctimas”. Apenas reflexionamos unos instantes sobre esta idea, sin embargo, se advierte que ella es, más que falsa, groseramente falsa. Resulta demasiado obvio que en nuestro país en la actualidad se violan cada día, y de modo gravísimo, los derechos de los que cometieron (o son acusados de haber cometido) ofensas hacia los demás, muy especialmente si ellos provienen de sectores económicamente desaventajados. Esas violaciones gravísimas incluyen la detención por años de personas a las que no se les ha probado la comisión de delito alguno; la privación de libertad a personas que han cometido delitos menores, y condiciones extremas, brutales, violentas para los que ya están encerrados. Es decir, descriptivamente, lo que la realidad nos muestra, sin ambages, sin ambigüedades, sin margen de duda alguno, es exactamente lo contrario de lo que aquella proposición vendría a sugerir. Si hoy tenemos un problema grave en materia de inseguridad, entonces, sin dudas, ése no es el de que el Estado argentino se está excediendo en la protección de los derechos de los delincuentes.

Una segunda posibilidad sería que al decir “estamos cansados de los derechos humanos de los delincuentes” se esté haciendo referencia a una explicación referida a la imposibilidad material de proteger, al mismo tiempo, los derechos de las víctimas y los derechos de los criminales. Pero esta respuesta también es, fundamentalmente, falsa: en los aspectos más básicos, resulta obvio que se pueden hacer ambas cosas al mismo tiempo. Asegurarles a todos un juicio justo (escuchar a los acusados; asegurar que las pruebas de un juicio no sean inventadas); impedir la tortura; no encerrar a quien no ha sido encontrado culpable de ningún crimen; evitar que se trate a los detenidos como animales es perfectamente compatible con tener un presupuesto adecuado en materia de seguridad, o velar por la recuperación de las víctimas y la restauración de sus derechos. Es decir, no es en absoluto cierto que si queremos cuidar la seguridad de “los buenos ciudadanos” sea necesario, de algún modo, reducir los cuidados básicos hacia delincuentes.

Tercero, la afirmación sobre el “exceso” de respeto hacia los derechos de los delincuentes podría ser normativa, es decir, estar dirigida a afirmar que “debe darse menos protección a los derechos de los delincuentes, porque ellos no se merecen ningún cuidado, dada la gravedad de lo que han hecho”. Ahora bien, si las dos observaciones anteriores eran –en su esencia– fácticamente falsas, ésta es valorativamente inaceptable. Hay cantidad de problemas serios con esta idea. Primero, respetar los derechos de los delincuentes no significa premiar a los criminales ni dejar de reprocharles sus eventuales faltas, sino impedir que se los trate inhumanamente, o que se condene a inocentes porque “necesitamos condenar a alguien”, como muchas veces ocurre. Segundo, los derechos no están reservados para los que se comportan decentemente o los que no cometen faltas (graves), sino para todos, por el solo hecho de ser personas. Tercero, los derechos no son disponibles o removibles de acuerdo al humor de algunos, sino lo contrario de ello: su virtud es, por suerte, la de no estar sujetos a la buena voluntad de nadie.

Finalmente, puede que con la idea de “los derechos humanos de los delincuentes” se esté pensando en que, en nuestro país, algunos o muchos eventuales culpables de crímenes no quedan encerrados. Pero esta idea también es muy pobre. Primero, tenemos una proporción de presos alta y creciente, y no baja. Segundo, si hay gente responsable de crímenes que no es condenada debido a las argucias o trampas de sus abogados, ésa no es responsabilidad de los “derechos humanos”, por lo que conviene no ensuciar el término de ese modo. Tercero, si lo que ocurre es que algunos no quedan detenidos porque no se prueba su culpabilidad, eso no es un “exceso” de respeto de los derechos, sino sólo un acto justo, porque nadie quiere que se encierre a los que no son culpables de delito alguno (¿o sí?). Finalmente, pero esto da para otra discusión, no es cierto –por fortuna– que las únicas respuestas que tenemos a mano frente al crimen son las respuestas extremas, draconianas, que empiezan, como en nuestro país, con la privación de la libertad en condiciones infrahumanas. Es decir, condenar no es ni debe ser igual a “dejar encerrado a alguien”.

Decir lo dicho no implica decir que debemos actuar como si en la sociedad no hubiera delitos, ni comportarnos de modo ingenuo, ni dejar de reprochar con firmeza las faltas que se cometan en nuestra sociedad. Decir lo dicho implica afirmar que, no importa el grado de irritación que tengamos, o la antipatía que nos produzca algún grupo, o los deseos de venganza que nos provoque una situación de injusticia, no tenemos que poner en cuestión el valor de seguir tratando a todos –a todos– con dignidad y respeto. Más importante aún: tenemos que aprender a reconocer que, al respetar los derechos básicos de los criminales no estamos insultando a las víctimas. Como he tratado de mostrar, los cuidados extremos hacia las víctimas del delito de ningún modo, y en ningún sentido, necesitan del maltrato hacia quienes las han ofendido.

* Doctor en Derecho, profesor de Derecho Constitucional (UBA-UTDT).

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14/03/2009

Clarín y la reconchadetumadre II

Hoy leo un artículo en Clarín, el principal diario argentino por circulación. Trata sobre la inseguridad en mi barrio, Constitución. Dice en un fragmento; "Oferta de sexo en las calles (sic), ruidos molestos, venta de paco (sic), robos y gente viviendo debajo de la autopista son algunas de las hostilidades con las que conviven los vecinos."
Clarín y la reconcha de tu puta madre. ¿Cómo puede alguien con el más mínimo grado de humanismo considerar que un grupo de familias viviendo debajo de una autopista es una "hostilidad para los vecinos"?

11/03/2009

Yo podría...

Yo podría hacer una depurada crítica sobre este proyecto, pero prefiero sacarme la galera por su interés didáctico. Desarrollada por los responsables de Behance Network. Well done, boys. :)

10/03/2009

KiWi!

Registro de superhéroes

No es joda, es la posta-posta. Hay un registro de superhéroes de la vida real. Ligeramente deforme, claro está, entre la extravagancia y el patetismo, pero muy humano. Superhéroes que sudan en sus pantaloncillos de vinilo o que luchan contra los kilos para no reventar el traje. Como en la ficción lo hacía Mr. Incredible y en nuestro grueso mundo lo hace el mexicano Superbarrio. CLIC.
[via coment en el loquísimo blog de Podetti]

09/03/2009

Cambariere on line


Cuando Juan Pablo Cambariere inicia una disertación académica siempre dice "no sé si me conocen, pero soy amigo de Carlos Carpintero". No, mentira, es al revés. :)


En fin, el motivo de este mensaje es comentarles dos cuestiones. A todos los fuckin' nerds que se mueren por conocer la última tendencia del action script N y los vínculos entre Java yla  programación neurolingüística, vean lo que es diseñar una web simple y contundente, el poderoso nuevo sitio de Power Chiche Reloaded: CLIC.

Y además, les cuento que como Johnny es unos de esos self-made-man que vive con vértigo la vida y aunque prácticamente no tiene espacios libres para sumar actividad alguna, de alguna manera se las ha arreglado para viajar a Berlín y mostrar su arte en una nueva edición de Pictoplasma Character Walk 2009.

Las discusión sobre la frontera entre el diseño y el arte terminó, pendejos. La humanidad ha llegado a una síntesis y se llama Cambariere. 

Ingresando al libro careta

¿Cuanto tiempo podría seguir fuera de FaceBook? Resistí todo lo que pude, pero finalmente, la carne es débil. He empleado algunos momentos en parecer un tipo grosso, con chapa y éxito, pero simulando bajo perfil. Afortunadamente, en un par de años ya nadie recordará a Facebook, como hoy ya nadie habla de SecondLife.