Identidad degradada
La identidad visual de una ciudad no debería resumirse en la identidad de la agrupación política que circunstancialmente la gobierna. Las fuerzas políticas cambian con más velocidad que el clima. Atar la identidad de una megalópolis a ese devenir es de una miopía importante. Y sobra decirlo, de una gruesa irresponsabilidad.
Eso es lo que han hecho en el último tiempo los gobernantes de la ciudad de Buenos Aires. Cambia el color político, borrón y cuenta nueva, cambia la identidad visual de la ciudad. Que, contra todo saber profesional en la temática e incluso contra el sentido común, tiene trastocada su escala jerárquica: la identidad visual de la ciudad pasa a ser rehén de la visualidad de una fuerza política.
No es un problema específico del actual gobierno, el mandatario anterior fue responsable de un bodrio semejante, no menos vergonzoso. En la imagen pueden ver las nuevas "playas" artificiales recientemente inauguradas. Por supuesto, siguiendo la tradición porteña, desde la playa no se puede acceder al rio. Porque está tan contaminado que hay que hacer como que no está. Como frutilla del postre, tenemos una pléyade de sombrillas amarillas. El color del PRO y el color de Buenos Aires.
El olvido colectivo hará justicia con este despropósito visual de facto, como lo ha hecho con los anteriores. Lo único que me apena es, ante tanta emergencia en la ciudad, estar pagando frivolidades como esta con mis impuestos.


5 comentarios:
Identidad con problemas hepaticos. Demasiado champan los hace imitar las playitas del Sena. Toda una realidad virtual.
P.S. murio Fukuda, se entero?
Qué extraño lo de Fukuda. Creo que fue Landrú el que dijo que estamos pasando por tiempos extraños, porque se está muriendo gente que antes no se moría.
Por caso, con Fukuda me sucede algo más o menos brutal. Lo tengo tan instalado en el bronce que no sabía si estaba vivo o la ancianidad ya había cerrado el trato con su envase vital. Su desaparición física para mí no es más que un detalle sin mucha importancia. uiero decir, no lo lamento porquue desde hace un tiempo no había más Fukuda. Lo que hizo lo hizo mejor que nadie. Su obra tiene no solo un poder de síntesis increíble sino que además es una gran manera de enseñarles a otros cómo diseñar sin vedetismos ni fuegos artificiales.
Así como el amarillo furioso se repite en cada aparición de "la nueva ciudad", se repiten también las acciones "sedantes" que tapan aujeros con tonterías. Nos quieren llenar con caramelos.
son geniales desde el punto de vista del ridículo, como para la revista MAD o para la Barcelona, las frases imperativas de los afiches de la ciudad:
"es un segundo che, dale no seas tontito, USÁ casco,
O TE QUITAMOS LA MOTO!"
Y eso que descartaron algunas frases que decían: "no seas cabeza, usá casco"; "motochorros con fierro y sin casco, así la ciudad da asco"...
Post a Comment