17/01/2009

Identidad degradada

La identidad visual de una ciudad no debería resumirse en la identidad de la agrupación política que circunstancialmente la gobierna. Las fuerzas políticas cambian con más velocidad que el clima. Atar la identidad de una megalópolis a ese devenir es de una miopía importante. Y sobra decirlo, de una gruesa irresponsabilidad.
Eso es lo que han hecho en el último tiempo los gobernantes de la ciudad de Buenos Aires. Cambia el color político, borrón y cuenta nueva, cambia la identidad visual de la ciudad. Que, contra todo saber profesional en la temática e incluso contra el sentido común, tiene trastocada su escala jerárquica: la identidad visual de la ciudad pasa a ser rehén de la visualidad de una fuerza política.
No es un problema específico del actual gobierno, el mandatario anterior fue responsable de un bodrio semejante, no menos vergonzoso. En la imagen pueden ver las nuevas "playas" artificiales recientemente inauguradas. Por supuesto, siguiendo la tradición porteña, desde la playa no se puede acceder al rio. Porque está tan contaminado que hay que hacer como que no está. Como frutilla del postre, tenemos una pléyade de sombrillas amarillas. El color del PRO y el color de Buenos Aires.
El olvido colectivo hará justicia con este despropósito visual de facto, como lo ha hecho con los anteriores. Lo único que me apena es, ante tanta emergencia en la ciudad, estar pagando frivolidades como esta con mis impuestos.