25/10/2008

Un textual de Carpintero


Hola amigos. Hoy presenté la Carrera de Diseño de Tipografía de la UBA en el espacio T-Convoca, junto a Rubén Fontana, Pablo Cosgaya y Marcela Romero. Nunca leo en mis conferencias, pero como hoy quería ser muy operativo, preferí redactar mi participación. Les dejo el texto a los interesados.

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Para que una carrera de posgrado sea posible hace falta un trabajo muy intenso y constante, extensos saberes y competencias. Hay que conocer muy bien la arena académica, ser sistemático en cierta forma de pensar y además conocer algunos formalismos. A muchos de nosotros por lo general nos interesa bastante más la forma que el formalismo, pero conocer la lengua formalista es indispensable para acceder a ciertos espacios. Muchas disciplinas, como la medicina y el derecho, tienen fronteras importantes construídas a partir de una extraña manera de codificar las ideas, que expulsa automáticamente a quien no pertenece al territorio. Entre otras cosas, con Rubén, Pablo y Marcela tuvimos que aprender sobre formas y formalismos, ante funcionarios que sin inmutarse nos preguntaban por qué si esta carrera trataba sobre letras, no se cursaba en la facultad de filosofía y letras.

Para dejar los pañales hay que aprender a hablar, y como nosotros teníamos la firme intención de lograr un crecimiento, tuvimos que aprender a hablar con burócratas. Hubo otros problemas, más profundos, vinculados a cuestiones ideológicas, pero para hacerme entender debo hacer un breve paréntesis.

La palabra interdisciplina no aparece en el diccionario de la Real Academia Española. El diccionario es uno de los textos más citados por las personas que leen poco o no leen teoría crítica, pero quieren hacerle creer al resto del mundo que tienen interés en el conocimiento. Tienen poca práctica en una actividad que entre los humanos es rara. Esa actividad se llama pensar.

Pensar es una tarea agotadora y por lo general poco productiva en lo inmediato. Si la mayor parte de la humanidad se hubiera dedicado a pensar todavía estaríamos sacándonos los piojos entre nosotros mientras buscamos refugio en una cueva. Además, la cultura nos ha bendecido con grandes sustitutos del pensamiento, verdaderos ansiolíticos del espíritu, como el ingenio, las religiones y los bailes en el caño.

No piensa el que quiere. Para pensar, entre otras cosas, hay que tener tiempo y no ser demasiado pobre, en ningún sentido. Si uno está preocupado por el alquiler o la comida, no podrá pensar mucho ni bien. No digo que tenga o no hambre, sino que le preocupe tener hambre. Unos pocos que son lo suficientemente neuróticos como para gozar de la bella indiferencia hacia cuestiones secundarias de la vida como la alimentación o la familia, nos sentimos felices pensando. Pero por lo general, pensamos demasiado. Cuando se piensa demasiado pasa lo mismo que cuando se come demasiado: todo lo comido o todo lo pensado peligra.

Hace un minuto hablé de interdisciplina. La interdisciplina nos cura de esa deformación profesional que se llama mirarse el ombligo. Hablo de interdisciplina, de construir un objeto a partir de miradas desde diferentes dominios, un objeto que termina no perteneciendo a ningun dominio en particular. Interdisciplina no es multidisciplina, no se trata de muchas personas haciendo lo que mejor saben hacer juntos. Se trata de exponer y exponerse, de construir en conjunto un producto sobre el cual no se puede reclamar soberanía.

Con ese espíritu es que una tarde, hace ya casi dos años, fui a la cocina de Rubén Fontana para decirle todo esto que estaba pensando. Pensé en una carrera necesaria para nuestro tiempo y nuestro nervio latinoamericano: una carrera de diseño de tipografía. No fui solo, porque sabía que Rubén me iba a decir que no. Me olvidé de almorzar y armé la conspiración, la estrategia para el encuentro. Los llamé a Pablo y a Marcela. Sería más difícil decirle que no a varios que a uno. Luego de dos años de reuniones en cocinas de varios hogares, de discusiones feroces, de muchos almuerzos olvidados y extensos banquetes gourmet generosamente regados con alcohol, ego y esperanza, decidimos conspirar en conjunto.

Rubén, Pablo, Marcela y yo tenemos pocas cosas en común. Por lo general, no me entienden cuando les hablo ni yo entiendo de qué hablan. Pero eso poco que tenemos en común nos ha permitido engendrar algo. Una carrera de posgrado en Diseño de Tipografía. Creo que entre otras cosas fue posible porque antes de que este proyecto se hiciera realidad, no éramos demasiado amigos. Afortunadamente. Porque entre nosotros pasa lo mismo que pasa en las relaciones entre hombres y mujeres. Si uno tiene como meta primera engendrar, es mejor no invertir demasiado en la amistad. Creo que el proyecto se ha hecho realidad porque profesionalmente no nos callamos casi nada entre nosotros, por poco amable que pueda resultar para el otro.

Ahora Pablo va a contextualizar la carrera, Marcela les hablará sobre la organización y gestión y Rubén sobre los fundamentos. Yo no quiero robarles mucho más tiempo con esta introducción, porque entre otras cosas, hoy tengo planeado no perderme el almuerzo. Gracias.