19/09/2008

Docencia en la UBA

Actualmente, entre otras cuestiones, estoy trabajando en la formalización de mis saberes como docente universitario. Esto quiere decir, cursando asignaturas de la carrera docente y en paralelo concurriendo a talleres académicos sobre didáctica, pedagogía, alfabetización, desarrollo de programas y estrategias, reflexión sobre la práctica, etc.
Por lo general, para ser docente de la FADU UBA no hace falta mucho más que haberle caído bien a un docente. Entrás en un semillero, laburás como asistente un tiempo y luego pasás al frente una comisión (grupo de alumnos). Esto hace que con pocos años, cero experiencia, nulo control y a cambio de una retribución inexistente (¿cómo vas a pretender que te paguen por dar clases?), cualquier hijo de vecino pueda convertirse en ¡ops! docente de la UBA. Esta cuestión es compleja y no tiene solución en lo inmediato. En principio, va en desmedro de los verdaderos profesores, porque hace trivial la figura docente como poco más que un otro que tiene una visión pretendidamente más calificada. Muchos alumnos no respetan a sus docentes en la FADU, porque los ven muy cercanos a ellos. Por otro lado, la falta de control habilita desmanes: docentes que se encaman con sus alumnos o alumnas, o los llevan a trabajar como pasantes en sus estudios, a modo de ejemplo.
Hay una enorme distancia entre lo que la sociedad piensa que es la UBA y lo que realmente es. Algo muy cercano debe suceder en otros espacios, como los hospitales públicos. Concentran lo más alto, digno y valorable de lo humano junto a algunas de sus más crueles miserias.
Por lo pronto, tengo una meta: aprender a enseñar mejor. Es una deuda que los docentes de diseño tenemos pendiente. Me pregunto constantemente: ¿qué entienden mis estudiantes de lo que digo? ¿qué simulan entender? ¿qué entiendo yo de lo que explico?