27/02/2008

Dolina


A este tipo le pasaron una factura. Él refiere acusaciones de súbitos fiscales, pero yo no acuerdo. No hay instancia posible de defensa: no lo acusan de nada concreto. Porque no les da el mate. Lo sentencian y lo ejecutan. ¡Fascista!, le gritan. Absurdo.

¿Lo han escuchado a Dolina? Yo lo he escuchado ocasionalmente. Y su compañía sostenida en la radio me ha resultado una experiencia de lo más grata. Dolina te hace llorar: te meás de risa o te emocionás con un tango seleccionado ad hoc.

¿Qué cosas logra Dolina? Dolina no putea. Pero no por pacatería. No putea porque no lo necesita para construir su humor. El prolífico insulto, la puteada constante, es la salida fácil para el humor. Culo, teta. Puta, pelotudo. Esas palabras tienen una mínima salva de humor, pero que al instante se agota y obliga a subir la apuesta. Son placebos del humor. Pobres substitutos, símbolos de la extendida estupidez de los medios.

Dolina teme a la estupidez. Porque los estúpidos, vaya uno a saber por qué espíritu de amontonamiento, no suelen atacar a otros estúpidos, sino a aquellos que pretrenden superar la instancia de lo mediocre. No afirmo que Dolina lo logre, pero es indudable que con una energía insólita lo intenta permanentemente.