29/01/2008

Self destroy sequence


El domingo pasado, luego de un año y medio, volví a una sala de cine. La paternidad ha modificado mis hábitos. Hace dos años comentaba en este espacio hasta tres películas que había visto en la misma semana. He seguido viendo cine, pero en DVD. Espero retomar el saludable hábito de los films en su espacio natural.

Me resulta interesante comentar dos cuestiones de "I Am Legend".

La primera es la evidencia de la proyección del film como videojuego. Hay películas como "Elephant" de Gus Van Sant que trabajan a partir del lenguaje de ciertos juegos (en ese caso, los RPG), con un valor metafórico. Hay películas que se construyen como secuela de un juego exitoso, como "Doom" o "Tomb Raider". En "I Am Legend" hay otra situación: veo el videojuego que saldrá a la venta con la película en el mismo momento que veo la película. Hay escenarios y situaciones muy amigables para ser traducidas a un juego. Lo señalo por el empobrecimiento del lenguaje que conlleva. Cuando un medio mira las condiciones de producción de otro pierde su especificidad.

He visto quejas de los críticos (gente insoportablemente quejosa) sobre cierta falta de habilidad en la credibilidad de los artificios técnicos: los animalitos generados por computadora no parecen realistas. No me incomoda. Me parece que hay otras cuestiones más importantes a pensar, como la obsesión norteamericana con la propia destrucción. Manifestada recurrentemente a través de la destrucción de sus símbolos arquitectónicos.